Tras el éxito del año pasado, volvemos a organizar esta iniciativa en Gran Canaria, con la participación de un nuevo grupo de voluntarios y voluntarias españoles/as y portugueses/as vinculados/as a la Congregación Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús
Durante dos semanas del mes de julio, diez jóvenes procedentes de diversas regiones de España y Portugal, entre ellos/as, dos religiosas, confluyeron en nuestra delegación de Canarias para acercarse a la realidad de la migración en las islas, y sobre todo, del contexto vital de los/as miles de jóvenes migrantes que llegan al archipiélago canario.
Para ello, el equipo de voluntariado se organizó en torno a dos de nuestras sedes en Gran Canaria: Las Palmas y Vecindario, en el sur de la isla, donde implementaron talleres de enseñanza de español e informática en ambas localizaciones, además de un taller de costura en Vecindario.
En total, casi cien personas tomaron parte en las actividades: 35 jóvenes menores de edad en su mayoría y tutelados por el Gobierno de Canarias, en Las Palmas; y 45 personas adultas en Vecindario.
El campus ofreció una experiencia invaluable de comunicación y de exposición a otras culturas y realidades, y, por ende, de crecimiento personal. Se fomentó la convivencia, la creación de lazos, la superación de barreras, y se trabajó para derribar mitos y aprender a combatir los discursos de odio que rodean a la migración, contribuyendo, de paso, a uno de nuestros valores misionales más importantes: la construcción de sociedades más igualitarias, justas, inclusivas y fraternales.
Los talleres permitieron ese encuentro diario y se conformaron, además, como un pequeño insumo para las personas que llegan a nuestras costas en áreas de competencias clave para su inserción social y laboral, que, según nuestro equipo técnico, “son conocimientos que les sirven para su vida diaria, les dan más autonomía y también les ayudan a poder apoyar a sus familias o desenvolverse mejor en muchos trámites y situaciones cotidianas”. En Vecindario, nos contaron nuestras compañeras, “el taller de costura ha sido muy bonito porque las mujeres no solo aprenden a coser. Mientras lo hacen, comparten su día a día, se ayudan entre ellas, se enseñan unas a otras y, al final, se crea un espacio de confianza y mucha comunidad”.
Una experiencia "súper enriquecedora
Tanto personal técnico de ECCA Social como voluntarias y voluntarios valoraron muy positivamente la experiencia, que calificaron de “súper enriquecedora”. Hubo mucha cercanía y confianza, cuentan, hasta el punto de que algunos días, cuando terminaba el campus, quedaban para ir juntos a la playa para seguir compartiendo tiempo”. No solo fue una relación de personas enseñando y otras aprendiendo, sino un intercambio constante. Las/os voluntarias/os compartían sus conocimientos y experiencias, pero al mismo tiempo aprendían de las historias, culturas y vivencias de las participantes, permeando, así, su visión de historias que “normalmente solo ves en televisión, cuando llegan las pateras a Canarias”, y que, con esta experiencia, “comienzas a humanizar y a ver que, detrás de eso, hay personas como nosotros/as, que tienen los mismos sueños y las mismas expectativas de vida”.
El resultado de la iniciativa también significó una alegría y confirmación para la congregación, porque, “supone ir al encuentro de estas personas, hermanos y hermanas, que por muchos motivos tienen que salir de sus casas, de sus países y que no siempre encuentran brazos abiertos cuando llegan”. Es una iniciativa que ven como un “regalo”, por el encuentro con personas y culturas que “terminan por marcar nuestras vidas y modelar nuestro conocimiento de una realidad, que, muchas veces, se hace lejana”. En definitiva, señalan, “se trata también de aprender del otro y de experimentar el reino de Dios, que nos muestra que las barreras que se nos imponen, realmente no existen. Ahí es cuando vivimos verdaderamente el hecho de ser hermanos/as de otros/as”.
Las religiosas también valoran la iniciativa como una muestra más de una misión conjunta, que se complementa con el emocionante proceso iniciado este año en Fuerteventura y que está permitiendo a varias religiosas convivir con las jóvenes migrantes a las que acogemos en el hogar Papa Francisco.
El campus de voluntariado en migraciones también ha involucrado este año a otra obra de la Compañía de Jesús, ya que el equipo de voluntariado se hospedó durante las dos semanas en el colegio San Ignacio de Loyola de Las Palmas de Gran Canaria. Agradecemos enormemente tan generoso apoyo.
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